Testimonio de nuestro paciente R.M.
Sin darme cuenta, ya van tres años de terapia en los que comencé a tener una especie de autoestudio y, al mismo tiempo, debía luchar contra ciertas adicciones, traumas, descontrol emocional y crisis (entre estas: de pánico, angustia, risa y otras). No sabía que, en terapia, liberando los traumas, entendiéndolos y perdonándolos podría recién entender por qué me sentía tan estancado, fue la mejor decisión que pude tomar.
Fue bastante doloroso al principio, y en el proceso también lo fue. Cometí errores e involucré a personas.
Yo solo quería desaparecer. Mi voz interna, esa que responde a los pensamientos intrusivos, siempre estuvo al filo de una decisión suicida. Mi expareja, lamentablemente, vivió de cerca con alguien que siempre tenía como primera opción el suicidio.
Todo esto en mi cabeza era bastante violento. Tolerar este tipo de discusiones mentales constantes destruyó mis habilidades sociales, y hasta incluso mis habilidades para dormir. Vivía en descontrol con tal de callar todo esto, y era bastante excedido (en general, no solo sustancias.) Afortunadamente, cuento con ciertas disciplinas que me desafiaron a dejar las adicciones, pero todo esto siempre muy bien cuidado, asesorado y conversado con el terapeuta. Le llamo “Laberinto” a este párrafo porque así es o era mi cabeza; muchas veces me perdí y reflexioné mucho al punto de revivir las experiencias en mis “atrapes mentales” (procesos de autoreflexión excesiva, dudas, y situaciones no existentes que luego no pueden salir de tu cabeza durante semanas).
Desde que comencé mi terapia psicológica, he podido acceder a distintos pasajes de mi historia, poder de alguna manera acceder al trauma, tratarlo en el camino y completamente asesorado por una voz que te guía, para encontrar toda esta especie de “basura mental”, recogerla y dejarla donde se debe(ya que siempre hace de las suyas en nuestro presente, es necesario revivir las situaciones que más nos acomplejan, solo así lograremos resolver dudas, momentos, culpas, traumas, etc…), y así simplemente vamos limpiando nuestro camino hasta lograr concluir u obtener un entendimiento personal muchísimo más amplio, y ser más respetuoso conmigo mismo. Ahora tengo muchas ganas de aplicar todo lo que sé. Gracias a todo esto, he logrado tomar buenas decisiones.
Encontré gente en el camino que me ayudó mucho también. Hoy por hoy, vivo una vida tranquila, algo que al principio no anhelaba porque no creía que existía. La felicidad no es constante, no así la paz, esta la podemos mantener- Mi terapeuta trabajó todos los puntos importantes, siempre al mismo tiempo que trabajamos mis adicciones. Con el esfuerzo de ambos, hemos logrado que mi percepción sobre mi propia vida hoy tenga valor.
Logré separar las mentes emocional y racional, y encontrar un equilibrio entre ellas, siempre de manera asertiva, permitiéndome sentir y pensar sin discutir y/o sufrir reflexionando. Ahora entiendo cuándo la emoción domina y puedo tener mejor control sobre mis decisiones.
Gracias a que de la mano vengo con tratamiento, me recetaron fármacos que me ayudan a mejorar mi higiene del sueño. Con ello, ya es un poco más fácil llevar todo este proceso y salir del laberinto.
Recomiendo mucho la terapia psicológica. No es fácil encontrar profesionales que logren adaptarse a situaciones tan particulares como estos laberintos. Por eso, una primera opción no puede ser el final. Siempre hay que buscar, porque encontrarás al profesional correcto y lograrás avances increíbles. Si quieres avanzar, permítete sanar. Ellos estudian mucho para poder ayudarte, te estudian a ti y te guían.
Van tres años y contando. Jamás me sentí tan conforme conmigo mismo.
