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Superó su adicción a las drogas, creó un hogar de rehabilitación y ahora lo cedió para ayudar a pacientes con COVID-19

Luis Marchioni (38) nació en Carlos Casares, una ciudad con 27 mil habitantes donde todos se conocían. Pasó una infancia feliz con los juegos en la vereda y los amigos de la cuadra. En la adolescencia todo cambió: conoció y sintió fascinación por la vida nocturna. Y allí empezó un tobogán hacia lo más oscuro: la adicción a las drogas.

Mis inicios con el consumo de drogas fue a los 17 años. No había querido estudiar ninguna carrera y entonces empecé a trabajar con mi tío en un boliche. La noche me llevo lentamente a consumir más y más”. A los 21 Luis comenzó a manejar toda la noche de Carlos Casares. “Llegue a tener todos los boliches bailables de mi ciudad y me sentía el rey de la noche”, recuerda.

Su adicción fue creciendo con los años. “Siempre había alguien que me daba una mano para poder tapar las macanas que hacía, siempre zafaba”, detalla el protagonista de la historia. A medida que fue pasando el tiempo se empezó a quedar solo: ni su mujer, ni sus hijos pudieron permanecer a su lado.

Pero un golpe duro, un dolor que no esperaba, lo hizo cambiar: la muerte de su madre.

El día del funeral de su madre, él no pudo ir al cementerio. Estaba tan “volado”que lo olvidó por completo. No la pudo llorar, no la pudo despedir y esa angustia lo acompaña hasta hoy. “Toda mi familia se avergonzó de mí y yo sentí su desprecio durante mucho tiempo. Creo que fue ese puñal en el pecho lo que me hizo tomar las riendas de mi vida… Quise ser una persona mejor”, confiesa emocionado. Luis estaba dispuesto a recuperar a sus seres queridos y además quería sentirse útil nuevamente. Ya había perdido muchos años de su vida y el tiempo no iba a volver atrás. “No podía borrar el pasado, pero podía construir un mejor futuro”, se dijo. Supo desde ese instante que en su mundo ya no había lugar para las drogas. Quería salir. Y decidió pedir ayuda.