Preocupación, angustia y miedo: las emociones predominantes en el retorno al trabajo post cuarentena

Sondeo determinó que entre quienes ya volvieron a su trabajo post cuarentena, la principal sensación es preocupación (54%), seguido por angustia (35%) y miedo (33%). Para quienes están ad-portas de hacerlo, la percepción no es muy diferente: 50% reconoce sentir preocupación, 50% miedo y 36% angustia. Volver al trabajo post cuarentena y luego de meses de cuarentena, no es fácil. Se trata de un paso que implica aún muchas interrogantes. El peligro de contagios en el transporte público. Si es posible implementar distancia física en el lugar de trabajo. Si se puede mantener una ventilación adecuada, entre otros aspectos, se deben conjugar para un retorno seguro. ¿Cómo enfrentan esta etapa las personas? En aquellas que ya volvieron a sus labores, la principal sensación es preocupación (54%), seguido por angustia (35%) y miedo (33%). Para quienes están ad-portas de volver la percepción no es muy diferente: 50% reconoce sentir preocupación, 50% miedo y 36% angustia. Es lo que indica el sondeo de Mutual de Seguridad CChC y Cadem Percepciones sobre el retorno al trabajo presencialque indagó en las percepciones y emociones asociadas al retorno al trabajo de manera presencial post cuarentena por Covid-19, efectuada a hombres y mujeres mayores de 18 años de los niveles socioeconómicos C1 C2 y C3 y D, de todo Chile. Al analizar por género se ve que en hombres y mujeres la preocupación es similar (53% y 52% respectivamente). Sin embargo, en ellas se ven más emociones negativas. Por ejemplo, en el caso de la angustia la reconocen el 26% de los hombres y 43% de las mujeres, y el miedo 34% de los hombres y 47% de las mujeres. A su vez, existen percepciones de tranquilidad e incluso felicidad. Al consultar las emociones positivas el sondeo muestra que en los hombres son más altas. Ocurre con la esperanza (28% hombres y 24% mujeres), el alivio (30% hombres y 25% mujeres) y la alegría (34% hombres y 21% mujeres). Trabajo post cuarentena Sin duda la pandemia y particularmente el encierro ha afectado el estado emocional de la población, numerosos estudios así lo demuestran, dice Mariana Alcérreca, gerenta de Asuntos Corporativos de Mutual de Seguridad. “El sondeo muestra un grado importante de preocupación frente a la posibilidad de volver al trabajo presencial, esto está asociado principalmente a la posibilidad de exponerse al contagio”. En lo positivo de volver la mayoría coincide en la tranquilidad de tener un trabajo estable, tanto en quienes volvieron a trabajar (59%) como en quienes están por volver (46%). Junto con ello, se valora volver a tener una rutina (37% y 35% respectivamente). Que trabajar presencialmente fomenta el trabajo en equipo (30% y 26%) y volver a ver a los compañeros de trabajo (29% y 33%). ¿Y lo malo? Tanto para quienes volvieron como quienes están por volver, coinciden en la preocupación o miedo por contagiarse de coronavirus (83% y 81%). Volver a la presencialidad y al trabajo post cuarentena En las personas consultadas que volvieron a trabajar el 77% dice que en su trabajo se han implementado medidas como la entrega de mascarillas y otros implementos de aseo. También, dicen que se fijado controles de toma de temperatura (60%), se hace limpieza frecuente (58%), separación de distancia de puestos de trabajo (51%) y horarios diferidos de entrada y salida (49%), entre otras. Mientras no exista una vacuna para todos, añade Alcérreca, tenemos que aprender a vivir y trabajar en tiempos de coronavirus. Generar un cambio cultural, “donde todos hagamos propias medidas como el distanciamiento social, uso de mascarilla, lavado frecuente de manos y cumplir con los aforos permitidos, entre otras medidas, nos permitirá salir airosos de esta pandemia”. “Es comprensible que los trabajadores hayan estado angustiados por todo lo que implica estar en una pandemia”, comenta Christian Rodríguez, gerente general de Laboratorio Synthon Chile, empresa que para enfrentar la pandemia implementó teletrabajo a partir de marzo y el 40% de los trabajadores se ha mantenido en esa modalidad. Rodríguez señala que debieron considerar un plan de retorno integral con herramientas para la contención emocional y protocolos sanitarios. “Cuidar a nuestra gente es lo principal. Hemos invertido en entregar implementos diarios, semanal y mensual. Llegamos a fabricar en la planta nuestro propio alcohol gel, a pasarlos a buscar a sus domicilios y también a implementar un horario más reducido para que estén menos tiempo en las calles. Nuestro objetivo es darles la mayor tranquilidad para que se sientan seguros en esta nueva etapa”, destaca. Círculos de conversación, autoimposición de límites horarios para reuniones o jornadas laborales y terapias de salud emocional, son algunas de las estrategias que las empresas podrían implementar, tanto en el trabajo presencial como en la modalidad del teletrabajo, para el bienestar de sus trabajadores, indica Manuel Araya, psicólogo de la plataforma de online PsyAlive. Estrés laboral, trastornos del ánimo, falta de motivación, entre otros, Araya dice, podrían ser algunos de los efectos que se verán reflejados en los trabajadores, “sin embargo, estos podrían derivar a casos más extremos como una fuerte depresión, sensación de descontrol, crisis de pánico y/o el síndrome de burnout”. En soluciones a largo plazo o el trabajo continuo de estrategias en beneficios de los trabajadores y empresa, dice Araya se puede optar por terapias de salud emocional online, convenios con prestadores de servicios psicológicos y fomentar actividades que profundicen el sentido, la misión y los valores espirituales de las empresas. “Permite realizar un cambio profundo que logra generar el bienestar, la confianza y la felicidad del trabajador en su lugar. Poner el foco en la productividad hace que las estrategias fallen y logren un resultado no deseado”.

Pasos para saber si soy dependiente de mi celular (y cómo evitarlo)

Es probable: el encierro y la sobreinformación tienen a muchos pegados al teléfono. Las redes sociales, como lo demuestra el documental The Social Dilemma, no ayudan mucho: están diseñadas para generar adicción. Tres especialistas en salud mental dicen cuáles son los síntomas de esta dependencia y cómo combatirla. Despiertas y desbloqueas el teléfono. Miras la hora, de paso las notificaciones. Te das cuenta de que tienes 4 mensajes en WhatsApp sin responder. Desconectas el teléfono del cargador y los contestas: hablas en un par de grupos, a tu jefe y tu mamá. Te levantas por ese café matutino y revisas Instagram. Son las ocho y media y ya te das vuelta la red social de las fotos y te vas a Twitter. Si eres más aventurero a Tik Tok: necesitas un par de risas para empezar el día. Deslizas y deslizas tu dedo por la pantalla. Te ríes y te tomas tu café. En eso, te das cuenta de que son las diez y media de la mañana. Ups. El encierro y la necesidad de contacto social hace que algunas personas estén pasando más tiempo del que solían frente a sus teléfonos. Si bien los celulares han aportado de forma positiva para mantener lazos y relaciones con quienes no puedes ver durante el confinamiento, existe esta otra rama que hay que considerar para tomar conciencia. Un sondeo que realizó la empresa de telefonía Wom determinó que hay un 29% de personas que están conectadas a internet entre 3 y 5 horas, mientras que un 22% entre 5 y 7 horas al día*. The Social Dilemma y la discusión sobre adicción Hace unas semanas se estrenó The Social Dilemma, documental de Jeff Orlowski, en el que se hace una radiografía a las redes sociales y los mecanismos de adicción y dependencia que generan esas plataformas. Durante su hora y media, ingenieros y académicos demuestran una preocupación frente a este modelo y cómo está afectando a la sociedad. “Los algoritmos (de las redes) intentan que vuelvas y pases más tiempo ahí. Es tan similar a una adicción como creo que sea posible”, comentó Orlowski a Efe. “Las redes sociales son una droga”, comenta en el documental Anna Lembke, directora médico de Medicina de Adicciones, en la Universidad de Stanford. “Tenemos un imperativo biológico básico para conectarnos con otras personas, que afecta directamente la producción de dopamina como recompensa”, puntualiza. Precisamente este es el punto preocupante de la tecnología, sus avances y la evolución del comportamiento humano. En un artículo pasado sobre niños y uso de pantallas, Daniela Henríquez, licenciada en Comunicación, experta en redes sociales y cofundadora de la ONG Efecto Mariposa, hacía énfasis en que la primera etapa de los niños en internet debe de ser “ser 100% acompañada y regulada”. La preocupación de la adicción a las redes sociales existe y probablemente ha ganado visibilidad gracias a The Social Dilemma, sin embargo, más allá del conocimiento de este tipo revelaciones que hacen los ingenieros y académicos, es necesario generar consciencia para regular tanto el uso propio como el de los niños. Constantemente, en la pieza audiovisual de Orlowski se compara el efecto de las redes sociales en nuestros cerebros con el de un tragamonedas: adictivo ya que siempre tienes la sensación de que algo excitante pasará a continuación. Un estudio de la Universidad de California determinó que cuando ves videos de tu gusto —los que suelen recomendar los algoritmos—, “se activa esta zona de placer y se da esto de que los niños quedan como hipnotizados en las pantallas”, explica Daniela Henríquez. “Se ha comprobado que el consumo de pantallas en menores de 17 años tiene el mismo efecto y se activan las mismas partes del cerebro que cuando consumes heroína”. La recomendación de esta experta es que los niños pequeños no deben ser expuestos a más de 40 minutos diarios al contacto con las pantallas. “Este sistema (el imperativo biológico para socializar) está respaldado por millones de años de evolución, para que nos unamos y vivamos en comunidades, encontrar parejas y propagar la especie”, dice Anna Lembke. “No hay duda de que un vehículo como las redes sociales, que optimiza esta conexión entre las personas, tenga el potencial de ser adictivo”. Si bien no existe un parámetro universal estipulado de cuánto es el tiempo que deberías destinarle al celular, sí existen consejos y consideraciones que podrías tomar durante la pandemia de covid-19. Práctico conversó con tres expertos en salud mental para orientarnos sobre esta dimensión. Dependencia al teléfono durante la pandemia “Si bien los teléfonos celulares nos han ayudado a mantenernos conectados con nuestros seres queridos y, a muchos, con sus actividades laborales, pueden ser también un arma de doble filo, ya que podemos sentirnos agobiados por su uso constante”, comenta Claudio Urzúa, psiquiatra de adultos y director del Centro Médico Cetep Providencia. El problema más grave que identifica este especialista es la “angustia de recibir información negativa, la que a veces no es real y se comparte como cadenas en redes sociales. Su uso excesivo, además, podría aumentar el retraimiento de la vida familiar y generar depresión, alteraciones de autoestima e incluso conductas adictivas o nomofobia”. El psiquiatra define precisamente a la nomofobia como “el miedo irracional a no tener acceso al celular, término que viene del anglicismo No-Mobile Fobia”. Alberto Larraín, psiquiatra, director ejecutivo de la Fundación PRoCultura y académico de la Universidad Autónoma, también coincide en que la tecnología tiene esta polarización, donde puedes encontrar “un espacio de visualización del otro y de poder disminuir la soledad estructuralmente”, y acceder a fuentes de conocimiento importantes, como universidades, cursos y hasta museos. “El día del patrimonio fue completamente digital este año: uno podía revisar desde una ruca hasta ver Limache desde el aire”, comenta. Pero el yang de esta situación debe ser tomado en consideración, sobre todo pensando en esta temporada de encierro y poco contacto físico. Según Larraín, esto se podría separar en dos niveles. El primero, tiene que ver con el exceso de información. “Algunos países están incluso recurriendo al término de infotoxicidad, donde el exceso de información hacia ti

Consideraciones psicosociales y de salud mental durante el brote de COVID-19

En enero del 2020, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró el brote de la enfermedad por el nuevo coronavirus 2019 (COVID-19) como una emergencia de salud pública de importancia internacional. La OMS afirmó que existe un riesgo alto de diseminación de la enfermedad porCOVID-19 a otros países en todo el mundo. En marzo del 2020, tras una evaluación la OMS decidió que COVID-19 puede ser caracterizado como una pandemia.La OMS y las autoridades de salud pública de todo el mundo están actuando para contener el brote de COVID-19. Sin embargo, este momento de crisis está generando estrés en la población. Estas consideraciones de salud mental fueron elaboradas por el Departamento de la OMS de Salud Mental y Uso de Sustancias, como mensajes dirigidos a diferentes grupos clave para apoyar el bienestar psicosocial y la salud mental durante el brote de COVID-19. La enfermedad por el coronavirus 2019 (COVID-19) ya ha afectado, y es probable que siga afectando, a la población de muchos países, en numerosos lugares del mundo. Este virus no debe asociarse con ningún grupo étnico ni nacionalidad. Demuestre empatía hacia todas las personas afectadas, dentro de un país dado o procedentes de cualquier país. Recuerde que las personas que están afectadas por COVID-19 no han hecho nada malo, no tienen culpa y merecen nuestro apoyo, compasión y amabilidad. Cada persona puede contribuir a reducir los riesgos a nivel individual, familiar, comunitario y social. No se refiera a las personas que tienen la enfermedad como “casos de COVID-19”, las “víctimas”, las “familias de COVID-19” o los “enfermos”. Se trata de “personas que tienenCOVID-19”, “personas que están en tratamiento para COVID-19”, “personas que se están recuperando de COVID-19” y que, una vez superada la enfermedad, seguirán adelante con su vida, su trabajo, su familia y sus seres queridos. Es importante separar a la persona detener una identidad definida por COVID-19, para reducir el estigma.

Superó su adicción a las drogas, creó un hogar de rehabilitación y ahora lo cedió para ayudar a pacientes con COVID-19

Luis Marchioni (38) nació en Carlos Casares, una ciudad con 27 mil habitantes donde todos se conocían. Pasó una infancia feliz con los juegos en la vereda y los amigos de la cuadra. En la adolescencia todo cambió: conoció y sintió fascinación por la vida nocturna. Y allí empezó un tobogán hacia lo más oscuro: la adicción a las drogas. “Mis inicios con el consumo de drogas fue a los 17 años. No había querido estudiar ninguna carrera y entonces empecé a trabajar con mi tío en un boliche. La noche me llevo lentamente a consumir más y más”. A los 21 Luis comenzó a manejar toda la noche de Carlos Casares. “Llegue a tener todos los boliches bailables de mi ciudad y me sentía el rey de la noche”, recuerda. Su adicción fue creciendo con los años. “Siempre había alguien que me daba una mano para poder tapar las macanas que hacía, siempre zafaba”, detalla el protagonista de la historia. A medida que fue pasando el tiempo se empezó a quedar solo: ni su mujer, ni sus hijos pudieron permanecer a su lado. Pero un golpe duro, un dolor que no esperaba, lo hizo cambiar: la muerte de su madre. El día del funeral de su madre, él no pudo ir al cementerio. Estaba tan “volado”que lo olvidó por completo. No la pudo llorar, no la pudo despedir y esa angustia lo acompaña hasta hoy. “Toda mi familia se avergonzó de mí y yo sentí su desprecio durante mucho tiempo. Creo que fue ese puñal en el pecho lo que me hizo tomar las riendas de mi vida… Quise ser una persona mejor”, confiesa emocionado. Luis estaba dispuesto a recuperar a sus seres queridos y además quería sentirse útil nuevamente. Ya había perdido muchos años de su vida y el tiempo no iba a volver atrás. “No podía borrar el pasado, pero podía construir un mejor futuro”, se dijo. Supo desde ese instante que en su mundo ya no había lugar para las drogas. Quería salir. Y decidió pedir ayuda.